Me duele la muela del juicio de mis 45 años consumidos y cuando mi dentista, Navidad, la desvitaliza para poner una corona su hermana gemela, molar o premolar, se rompe. Me rompo los dientes en la boca. ¿Y en la vida? Mi hijo de ocho años está triste. Hay días difíciles. ¿Es su tristeza o es la mía? Hay vidas difíciles. Pero como no se pesan, ni se venden, ni se comparan, como no hay evaluación de vidas no sabemos cuales rinden más o riman menos. La mía por ejemplo no tiene importancia. Dolor de muelas. Voy al dentista. Y me hurga en la boca con los dedos, el pico y la pala del obrero o el espejo de la secretaria coqueta. ¿Y que ve en el interior? No sé, con su linterna se afana y trabaja. Yo guardo la boca abierta, le muestro el interior de mi diente y cava en el él. No entiendo lo que hace. A veces me duermo. Es como si fuera ciego. Lo mismo pasa con la realidad. El mundo también tiene sus achaques. Una inmolación, más de sesenta muertos, cárcel, palos y blogosfera se llevaron al dictador tunezindo como una corriente de aire. Su avión aterriza en Arabia Saudita donde pasará su jubilación. Colorin colorado el cuento de la democracia en Tunez se ha acabado. Del día a la mañana. Yo tendré que volver al dentista y Tunez buscará un camino hacia la libertad. Porque no es un final.
dolor de muelas, enero
Publicado enero 15, 2011 día a día , termómetro de achaques Deja un Comentario
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